DREAM 341

Sueño un montón y casi siempre recuerdo mis sueños, durante la cuarentena casi todas las noches sueño que estoy de fiesta y que soy bailarina profesional. Todos son escenarios posapocalípticos de diferente tipo. He sido bailarina de ballet con un vestuario y maquillaje increíble, bailando en un teatro increíble. He estado en raves donde todo el mundo tiene mascaras y guantes. Pero el mejor de todos los sueños fue uno en el que yo era parte de un colectivo de twerking, estábamos de gira con las chicas, una gira autónoma. Visitábamos varios lugares, nos quedábamos en casa de amigos y teníamos una caravana o carro-casa. Vivíamos el nomadismo en una comodidad muy familiar. Hasta ahí todo muy normal. Lo fantástico de la gira es que bailábamos en iglesias abandonadas, que se las estaba comiendo la naturaleza por todas partes. Varias ya no tenían techo y los pisos se veían muy lindos corroídos por el agua. Habían plantas por todas partes. Bailábamos con unos sistemas de sonido muy buenos, todos los shows eran muy lindos, eran fiestas no muy grandes, había poca gente pero la pasábamos muy bien. Las fiestas no eran muy intensas, más bien suaves. La fuerza de los cuerpos bailando en iglesias conquistadas por la naturaleza era muy hermosa, casi ritual -entre la ofrenda y el sacrificio- Estoy enamorada, pero por cosas de la vida, mi amor y yo estamos en países diferentes viviendo la cuarentena. En este sueño, mi amor estaba con nosotras en la gira: nos leía poesía en voz alta, nos cocinaba rico, estudiaba y escribía mientras nosotras ensayábamos.

Tatiana Avendaño

Cuenca

Ecuador

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